Entrenamiento para natación

2 de Mayo de 2010

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El nadador debe realizar un esfuerzo permanente para potenciar la fuerza propulsiva que es capaz de generar y simultáneamente, disminuir las fuerzas que se le resisten. Para llevar a cabo este objetivo, el nadador debe emplear una serie de técnicas diferentes, dichas técnicas cumplen la función de impedir las lesiones. Una de las zonas que más frecuentemente sufre lesiones en el desempeño de esta disciplina son los hombros.

Observar un video del desempeño propio junto a un entrenador resulta invaluable para determinar los elementos que deben mejorarse en la técnica empleada.

Los cuatro estilos de natación:

Los cuatro estilos competitivos son: el libre (crawl), espalda, pecho y mariposa. En todos ellos, el objetivo de la brazada está en culminar la carrera empleando el menor tiempo posible.

Los elementos que influyen en la velocidad de nado son dos: la longitud de brazada y la frecuencia de la misma.

La longitud de la brazada es la distancia que recorre el nadador con el impulso de una brazada. Se mide en metros por ciclo de brazada. Hay distintos factores que influyen en dicha distancia: la fuerza del nadador, las características físicas del mismo, la técnica que emplea para generar la propulsión y para minimizar la resistencia.

La frecuencia de la brazada: es la frecuencia con la que el nadador completa un ciclo con sus brazos. Se mide en ciclos por segundo o por minuto (ejemplo: 45 brazadas por minuto). La frecuencia está influenciada por varios factores: la fisiología del nadador, la mecánica de la brazada, el tamaño del nadador.

La velocidad estará dada por la frecuencia de la brazada en virtud de la longitud de la misma.

Si bien, la combinación de la brazada más larga con la mayor frecuencia daría la mayor velocidad de nado, en los hechos, los nadadores adoptarán diferentes combinaciones de estos elementos de acuerdo a la situación y a sus posibilidades.

El equilibrio y la estabilidad en el agua son elementos de importancia en todos los estilos. Un nadador capaz de controlar su postura tendrá mayor facilidad para impulsarse y patear más eficientemente. Al perder el equilibrio, deberá mover sus piernas y brazos de manera improductiva.

La estabilidad proviene de los músculos abdominales y lumbares que rodean la masa central del cuerpo. De este modo, el nadador que tenga buena fuerza en la musculatura central será más eficiente en el agua y correrá menos riesgo de sufrir lesiones.

La flexibilidad interviene en la capacidad de nadar eficientemente y evitar lesiones. La carencia de flexibilidad en los músculos de los hombros o en los pectorales dificulta la recuperación de los brazos y produce un estrés adicional en el hombro. Las áreas que requieren mayor flexibilidad son: los tobillos, los pectorales y la cadera.

Entrenamiento para las rodillas

30 de Abril de 2010

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Los ejercicios de rodilla permiten potenciar la mejora de la estabilidad de todas las articulaciones de la extremidad inferior, sin que en ello influya que estén dedicados a la articulación de la rodilla.

Los ejercicios suelen plantear métodos de progresión, pero en caso contrario, podemos optar por una serie de pautas que evolucionen la dificultad:
• Demandar una mayor tensión de la musculatura mediante el uso de elementos que dificulten la tarea (tobilleras, barras con peso, etc.).
• Disminuir la base de apoyo: apoyando en un solo pie, o en las puntas de los pies u otra parte de ellos.
• Emplear superficies de apoyo irregulares: colchonetas, balones, tableros, etc.
• Restringir la información que llega por los sentidos: primero practicar los ejercicios frente al espejo, luego sin el espejo y por último con los ojos cerrados.

Ejercicios para el entrenamiento de las rodillas:

Comenzaremos con ejercicios sencillos y una vez que los dominemos, pasaremos a ejercicios más complejos.

• Flexión de rodillas:
- Ejercicio para reforzar la flexión de las rodillas: colocarse de pie erguido, inspirar profundamente con los pies juntos, bajar verticalmente flexionando las rodillas hasta quedar en cuclillas. Al mismo tiempo se levantan los brazos hacia adelante para mantener el equilibrio. Repetirlo 10-15 veces.
- Con las piernas bien separadas y las manos apoyadas en las piernas, levantar una rodilla y luego la otra. Repetir 5 veces con cada una.
- Con los pies ligeramente separados adelantamos una pierna con la rodilla flexionada y cargamos sobre ella el peso del cuerpo. Luego volvemos a la posición inicial y hacemos lo mismo con la otra pierna. Repetimos 5 veces con cada pierna.
- Con los pies algo separados llevamos una rodilla al pecho y la aferramos con las manos, luego hacemos lo mismo con la otra. Repetimos el ejercicio 10 veces con cada pierna.

• Extensión de rodilla:
- Sentados sobre una mesa alta que no permita que los pies toquen el suelo, colocamos un peso en el empeine de uno de los pies. Nos sujetamos al borde de la mesa. Levantamos el pie que tiene el peso hasta estirar completamente la pierna y mantenemos unos segundos. Luego descendemos lentamente hasta la posición inicial. Repetimos 25 veces y cambiamos el peso al otro pie.
- Tumbados boca abajo sobre el piso, apoyamos los dedos de los pies y mantenemos las piernas estiradas. Manteniendo estiradas las piernas, presionamos los dedos de los pies para despegar las rodillas del suelo, sin dejar de apoyar la cadera. Sostenemos esta posición durante unos segundos y regresamos a la posición inicial. Repetiremos 25 movimientos y descansaremos 30 segundos para realizar otros 25 movimientos.

Entrenamiento de los abdominales

29 de Abril de 2010

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La correcta realización del entrenamiento de los abdominales depende de la anatomía de dicha zona. Es necesario conocer los músculos que están involucrados en los diferentes movimientos para evitar lesiones en la zona lumbar o cervical que pudiesen ocurrir por un trabajo incorrecto.

Al elegir los ejercicios identificaremos las fuerzas antagonistas y las usaremos en beneficio de la rutina de musculación.

Anatomía de los músculos abdominales:

• Músculo recto del abdomen: es un músculo par que se ubica a los lados de la línea media formando la cara abdominal anterior. Está cubierto por una envoltura (fascia) robusta que multiplica su tensión. El músculo está formado por 4 vientres musculares separados por 3 bandas de tendones.
• Músculo oblicuo mayor del abdomen: ocupa la cara lateral superficial del abdomen. Es el de mayor tamaño.
• Músculo oblicuo menor del abdomen: ocupa la cara interna del músculo oblicuo mayor. Es más pequeño y sus fibras tienen dirección contraria a las del músculo oblicuo mayor que está del mismo lado.
• Músculo transverso del abdomen: es el más profundo, se encuentra en la cara más interna de la pared abdominal y sus fibras corren transversales.

Para una buena salud en la región pélvica y lumbar es preciso compensar el tono muscular de la musculatura abdominal con la de la región lumbar que es su antagonista (opuesta).

La musculatura abdominal interviene en el mantenimiento de la postura erguida, manteniendo la correcta alineación corporal.

Correcta ejecución de los ejercicios abdominales:

El mantenimiento de la alineación corporal aumenta la eficacia del ejercicio, mejorando el rendimiento y minimizando el riesgo de lesiones.

Hay algunos factores de importancia para la correcta ejecución de los ejercicios abdominales:
• Debemos mantener la cabeza relajada, esto evita que forcemos la musculatura del cuello. La vista debe apuntar en un ángulo de 45º hacia arriba adelante, manteniendo el mentón separado del cuerpo. Las manos se colocan detrás de la nuca.
• La columna realiza una flexión dorsal: a nivel escapular, cuando trabajamos la parte superior; o a nivel lumbar cuando trabajamos la parte inferior.
• Las rodillas se mantendrán flexionadas para evitar el arqueo de la zona lumbar.
• Expulsaremos todo el aire cuando realicemos el máximo esfuerzo. La contracción del abdomen presiona haciendo que salga el aire.
• Cuando elevamos la parte superior del tronco, la zona lumbar debe permanecer en contacto con el piso. El tronco solo se eleva 30º.

El entrenamiento de los hombros

28 de Abril de 2010

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Los hombros son los encargados de unir el brazo con el torso, están conformados por el músculo deltoides que une el brazo con los músculos de la espalda, parte del cuello y el pecho.

El deltoides está formado por tres cabezas: el deltoides posterior, el medio y el anterior, cada uno se centra con la parte a que se integra. Por lo tanto, cada parte del músculo estará involucrada en el movimiento, según se requiera, esto le da al hombro gran resistencia y capacidad de movimiento.

Los hombros participarán debido a su posición en casi todos los ejercicios específicos para las distintas partes del cuerpo. Esto hace que frente a un programa completo no se los tome en cuenta. Pero para fortificarlos y aumentar su volumen, se requerirá de una rutina centrada en el deltoides, ya que este músculo tendrá menos trabajo en la medida que se desarrollen otras zonas como el pecho y la espalda.

Ejercicios específicos para los hombros:

Algunos ejercicios que centran su acción en el músculo deltoides son: el press militar o las elevaciones laterales.

Press militar:
Este ejercicio puede realizarse con las muñecas en distintas posiciones, con las palmas hacia delante, enfrentadas o rotando al extender los codos hacia arriba. Los brazos sostendrán las mancuernas a la altura de los hombros y desde allí se elevarán los brazos, ejerciendo la fuerza desde los hombros. El torso debe mantenerse recto con los hombros hacia atrás y los pies paralelos.

Este ejercicio puede hacerse de pie con las rodillas levemente flexionadas o sentado. Se aconsejan tres series de 10 repeticiones.

Elevaciones laterales y frontales:
De pie con la espalda derecha, sostenemos las mancuernas y elevamos los brazos extendidos hacia los lados hasta la altura de los hombros. De igual manera podemos elevar las mancuernas hacia el frente.

Haremos tres series de 15 repeticiones.

Elevación lateral en banco inclinado:
Podemos realizar el ejercicio en un banco inclinado 30 o 40 grados. Trabajamos un brazo por vez y el brazo libre lo colocamos debajo del cuello. Elevamos el brazo hasta que quede perpendicular al tronco y descenderlo hasta dejarlo paralelo.

Haremos tres series de 10-12 repeticiones.

Antes de comenzar con los ejercicios realizaremos un calentamiento que ponga a punto los músculos. Una forma de evitar el estancamiento es intercalar series con mayor o menor peso, también podemos variar la rutina de ejercicios. Para los hombros utilizaremos cargas pequeñas, de acuerdo a su grupo muscular.

El ejercicio y el envejecimiento

27 de Abril de 2010

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El envejecimiento es un proceso degenerativo a nivel morfológico y fisiológico que se da en los seres vivos como consecuencia del paso del tiempo. Este proceso supone la pérdida de la capacidad de adaptación de cada órgano y de sus funciones.

Estas son algunas de las manifestaciones del envejecimiento muscular:
• Disminución de la masa muscular
• Disminución del tamaño y número celular
• Atrofia y disminución de las fibras rápidas
• Proceso degenerativo de los diferentes grupos musculares en función de la actividad
• Disminución de la fuerza muscular (es mayor en personas sedentarias, puede llegar al 40%)
• Aumento de la fatigabilidad

El ejercicio consigue detener la pérdida de fibras musculares aumentando el área y potenciando los factores de la fuerza muscular.

Los patrones de ganancia de fuerza muscular en adultos mayores es porcentualmente semejante a la que se da en jóvenes. La respuesta depende del tipo de entrenamiento, no implica una ganancia de masa muscular.

La natación no tiene efectos importantes sobre los tejidos, pero sí sobre la bioquímica celular.

El envejecimiento óseo se evidencia en algunos síntomas más relevantes:
• Disminución progresiva del tejido y la resistencia ósea
• Aumento en la predisposición a las fracturas

El tejido óseo es dinámico, por lo tanto podemos definir la osteoporosis como la pérdida de masa ósea ocasionada por una mayor velocidad de reabsorción ósea, sobre una velocidad de producción.

La ley de Wolff dice que el hueso responde de acuerdo a las fuerzas actuantes sobre él, por lo que tendremos mayor formación ósea cuanto mayor sea la tensión, en caso de que no haya tensión, se producirá una reabsorción.

En las mujeres, esta reabsorción comienza a partir de los 35 años a razón de un 1% anual. En el hombre comienza a los 50 años y su tasa es del 0,4% anual.

Este proceso se ve incrementado por el sedentarismo, la disminución de calcio en la dieta, las insuficiencias renales, la diabetes, etc.

En las articulaciones y los tejidos conectivos, el envejecimiento se manifiesta por:
• Cambios degenerativos en las articulaciones, principalmente en la columna
• Disminución de la extensibilidad de los tejidos conectivos
• Disminución del movimiento articular

Se da un aumento de colágeno en los ligamentos, tendones, lo que afecta la extensibilidad tisular y los rangos articulares, también aumenta la tendencia a las lesiones.

El desuso lleva a la pérdida de la flexibilidad y la extensibilidad de los tejidos conectivos, como consecuencia de lesiones, afectando el movimiento y disminuyendo la capacidad de absorción de impactos.

El ejercicio en la vejez:

El ejercicio contribuye a mantener la salud articular y fisiológica, combatiendo afecciones articulares, artritis, problemas de columna, trastornos cardiovasculares, respiratorios, hipertensión arterial, entre otros.

Con el paso de los años disminuye la capacidad que el cuerpo tiene para regular su temperatura (baja la tolerancia al frío) y aumenta la tendencia a la deshidratación por la disminución de la filtración glomerular. Esto puede combatirse con el ejercicio físico.

Programa de ejercicios para la tercera edad:

• Flexibilidad: ejercicios para proteger las articulaciones y minimizar la incidencia de lesiones en las partes blandas. Se realizarán entre 8 y 12 ejercicios estáticos con 6 a 10 repeticiones cada uno, donde se mantendrán las posiciones por unos 20 o 30 segundos.

• Estiramientos: antes y después de los ejercicios musculares, favorecen la reducción del exceso de fibras colágenas y permiten bajar la incidencia lesional. En la tercera edad es de gran importancia el calentamiento y la vuelta a la calma.

• Ejercicios de fuerza: para aumentar la masa muscular, la masa ósea y la fuerza. Se realizarán 8-12 ejercicios dinámicos, 10-12 repeticiones por cada serie.

• Ejercicios de resistencia: para el desarrollo muscular, la función cardio respiratoria y el metabolismo. Trabajos aeróbicos de 20-30 minutos. Ejercicios globales con bajo impacto articular.

Beneficios del ejercicio en la tercera edad:
• Aumento de la actividad física
• Aumento de la flexibilidad y movilidad articular
• Disminución de la masa grasosa
• Aumento de la masa muscular
• Aumento de la masa ósea
• Aumento de la fuerza muscular
• Aumento de la resistencia cardiovascular y respiratoria

Plan de entrenamiento para el esquí

24 de Abril de 2010

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Un entrenamiento adecuado para la práctica del esquí requiere de una serie de ejercicios combinados aeróbicos con cardiovasculares.

Tabla de ejercicios cardiovasculares y aeróbicos:

- Ciclismo o carrera tres veces por semana. La bicicleta puede ser fija. La sesión debe durar al menos 20 minutos. Terminar la sesión con 10 minutos de estiramientos musculares (stretching).

- El resto de la semana realizar ejercicios para fortalecer la musculatura y la flexibilidad. Incluiremos: fortalecimiento de tríceps (músculo del brazo en la parte trasera y que es muy importante para el esquiador.
Para fortalecerlos apoyaremos las manos de espaldas sobre una silla y flexionamos los brazos aguantando el peso del cuerpo. Estiramos los brazos. Hacemos tres series de 10 repeticiones.
Fortalecimiento de abductores: de pie, apoyados en la silla, levantar una pierna lateralmente, bajar y cruzar delante de la otra, sin doblar la rodilla. Realizar 20 o 30 repeticiones con cada pierna, alternando de 10 en 10.
Fortalecimiento de cuádriceps: parados con los pies paralelos y separados el ancho de la cadera, hacer sentadillas. Hacer tres series de 15 repeticiones.
Abdominales: es uno de los ejercicios más empleado en cualquier entrenamiento, sirve para reforzar los músculos del vientre y proteger la espalda. Acostados boca arriba con las piernas flexionadas y las manos detrás de la nuca, nos incorporamos sin dejar de mantener la zona lumbar en contacto con el suelo. Hacer tres series de 10 repeticiones.
Fortalecimiento de cintura: con un bastón o palo de escoba sostenido con ambas manos al frente, manteniendo los brazos extendidos, giramos el torso a un lado y al otro. Hacemos 50 repeticiones.
Luego hacemos flexiones laterales con el bastón. Otras 50 veces.

Antes de realizar el ciclo de entrenamiento es necesario realizar ejercicios de calentamiento para preparar los músculos para el trabajo. Al finalizar realizaremos una serie de estiramientos para relajar los músculos. Esto previene lesiones y tirones, además de aportar flexibilidad.

Estos ejercicios son simples y pueden realizarse en cualquier parte, no es necesario recurrir al gimnasio. Es importante seguir una rutina constante y practicar a diario los ejercicios para garantizar el resultado.

Este plan de ejercicios es a nivel general, debemos realizar un plan específico pero éste dependerá de las condiciones físicas de cada persona, edad, objetivos personales.

Las lesiones más frecuentes en la práctica del esquí

23 de Abril de 2010

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El esquí es un deporte que alcanza grandes velocidades en trayectos que suelen estar muy concurridos, por lo que las caídas y choques son algo frecuente.

Este deporte está expuesto a una serie de riesgos que aumentan con la falta de entrenamiento, la fatiga, la imprudencia, la falta de estado físico, entre otras.

Hay ciertos factores de riesgo que siempre están presentes en el esquí:
- Mantos de nieve floja y pesada: esta es una superficie de riesgo que provoca muchas lesiones en las extremidades inferiores. Este tipo de terreno es propicio para que los esquíes se atasquen en la nieve, lo cual favorece la producción de lesiones en la rodilla y el tobillo.
- Hielo: puede ocasionar resbalones de los esquíes, aumentando el riesgo de recibir lesiones en las extremidades superiores.

Lesiones de rodilla:

Este es el punto débil del esquiador, es donde más comunes son las lesiones. La rotura de ligamentos es la más común de las lesiones de rodillas. Algunas de estas lesiones se curan con aparatos ortopédicos, pero otras requieren de cirugía.

Uno de los indicadores de que se ha producido una rotura de ligamento en la rodilla es el sonido característico (pop), seguido por una gran hinchazón.

Hay una serie de movimientos perjudiciales que favorece la lesión:
- Colocación del brazo ascendente detrás.
- Pérdida del equilibrio hacia atrás.
- Colocación de la cadera en un nivel más bajo que las rodillas.
- Eliminar el peso en el esquí ascendente.
- Mayor peso en el borde interior del esquí descendente.

Consejos para una respuesta apropiada a los accidentes:
- Intentar poner los brazos hacia delante.
- Juntar los esquís.
- Intentar mantener las manos sobre los esquís.

Otras lesiones:

Existen otras lesiones típicas del esquí que vienen relacionadas con los hombros y que son ocasionadas por las caídas en las que rodamos varias vueltas, que pueden provocar dislocaciones o lesiones musculares.

La rotura de ligamentos del pulgar o el índice ocasionados por un atasco del bastón entre los dedos es otra lesión frecuente en este deporte.

Prevención de accidentes:

El entrenamiento apropiado es una de las mejores maneras de prevenir los accidentes de esquí. Además, un cuerpo entrenado es más fuerte y resistente a los golpes y lesiones.

Estadísticamente se registra que el mayor número de lesiones se produce en las primeras y en las últimas bajadas cuando los músculos están fríos o cansados. Para evitarlo, realizaremos siempre un calentamiento previo a la jornada de esquí para preparar los músculos. Al terminar la jornada, haremos ejercicios de estiramiento para aflojar los músculos.

También intentaremos prevenir el cansancio, lo que haremos comiendo y bebiendo adecuadamente antes de esquiar. Para mantener lubricados los músculos y articulaciones es necesario beber cada hora, esto evitará lesiones.

El conocimiento de las técnicas de caída evitará lesiones:
- No endurecer completamente las piernas al caer.
- Mantener las rodillas parcialmente flexionadas.
- No intentar levantarse hasta que el deslizamiento termine.
- No caer sobre la mano.
- Mantener los brazos hacia delante y hacia arriba.
- No saltar hasta saber dónde y cómo parar.

Estas recomendaciones contribuyen a reducir las lesiones, pero no son infalibles.

La importancia del calentamiento previo en el entrenamiento de esquí

22 de Abril de 2010

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El calentamiento previo es indispensable para cualquier tipo de ejercicio físico, pues previene de lesiones, calambres y tirones por la exigencia desmedida de los músculos.

El precalentamiento es la antesala que permite al cuerpo adaptarse al ejercicio físico que vamos a exigirle. Dado que en el esquí actúa una gran parte de nuestra musculatura y que los movimientos requieren de cierta tensión muscular, trataremos de evitar las posibles lesiones o dolores musculares.

Durante el calentamiento se eleva la temperatura corporal y muscular, esto provoca un mayor aporte de sangre y oxígeno que llega a los músculos. Un ejercicio repentino implicaría un flujo sanguíneo inadecuado hacia el corazón, lo que ocasionaría un riesgo de salud.

Debido a todos estos factores consideramos que el calentamiento es básico para cualquier esfuerzo físico, pero que no necesariamente debe durar más de 20 minutos.

Es ideal establecer una rutina de ejercicios diarios que no saltearemos nunca.

Ejercicios de calentamiento previo:

En primer lugar se recomienda realizar una carrera suave, que puede ser en el sitio. Sirve para prepara la musculatura para el desgaste posterior.

Luego de la carrera haremos una serie de ejercicios de estiramiento y preparación para el esquí.

Para realizar los estiramientos debemos respirar correctamente, los músculos deben estirarse hasta sentir un leve tirón y evitaremos los rebotes en la posición.

- Cabeza: girar suavemente la cabeza hacia la derecha y hacia la izquierda.

- Espalda: de pie con la espalda derecha, trataremos de levantar un bastón del suelo, flexionando las rodillas mientras mantenemos la espalda erguida. Los brazos estirados. Subimos el bastón por encima de la cabeza y por detrás. Dejamos nuevamente en el suelo. Realizar 15 repeticiones.
Nuevamente con el bastón en alto, giramos hacia uno y otro costado. Repetimos 15 veces.

Apoyamos el bastón perpendicular al piso y lo tomamos con ambas manos, apoyando el cuerpo. Llevamos la cadera hacia atrás manteniendo las piernas rectas. Mantener 10 segundos la posición y volver a la inicial. Repetir 10 veces.

- Cadera: de pie con el bastón sostenido a lo largo de los hombros, realizamos giros a ambos lados. Repetir 10 veces.

- Piernas: con dos bastones empuñados como los del esquí, los pies juntos, saltamos girando el cuerpo hacia uno y otro lado. Realizar 10 repeticiones.

- Muñecas: con los brazos a los lados, doblar el codo 90º y girar las palmas de la mano mirando hacia abajo, luego la palma hacia arriba. Repetir 20 veces.

Fundamentos del entrenamiento en el esquí

21 de Abril de 2010

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El esquí es un deporte de montaña que consiste en el deslizamiento por las pendientes nevadas montado en dos deslizadores o esquíes.

Este deporte tiene una gran exigencia física, lo que requiere de un buen entrenamiento para que el cuerpo responda adecuadamente y evitar lesiones.

El trabajo que el esquí requiere es principalmente anaeróbico y láctico. Exige una gran resistencia, fuerza explosiva y elástica en las piernas, agilidad y sensibilidad.

Las piernas son las que soportan el mayor esfuerzo en este deporte, desempeñando movimientos permanentes de flexión y extensión para realizar virajes o para absorber las imperfecciones del terreno. Por tanto, el entrenamiento debe concentrarse principalmente en las piernas.

También es necesario desarrollar resistencia y agilidad en los músculos abdominales y dorsales, pues son los que trabajan a la hora de mantener el equilibrio.

Los brazos cumplen un papel importante en el equilibrio, la coordinación y ejecución de los gestos, además de permitir el ahorro de energía.

Fundamentos para el entrenamiento:

La práctica del esquí exige del cuerpo gestos que no le son naturales sumado a un gran esfuerzo de piernas, constante movimiento de la cadera y el trabajo equilibrador de los brazos, lo que requiere un alto grado de entrenamiento.

Este deporte anaeróbico centra la capacidad de resistencia en las piernas, donde el músculo más empleado es el cuádriceps. Por tanto, el entrenamiento se centrará en esta zona que debe realizar el mayor trabajo con flexiones constantes y tensiones, virajes y movimientos bruscos.

El entrenamiento de los músculos dorsales y abdominales contribuye a mantener el equilibrio dinámico.

El uso correcto de los brazos implica un ahorro de energía pues permite mantener el equilibrio y la coordinación.

Hay algunos deportes que pueden servir como complemento del entrenamiento para mantener la condición física apropiada. Son: carrera a pie, ciclismo y natación. En un segundo plano están el tenis y el piragüismo. También puede practicarse el voleibol, el básquetbol y el patinaje.

Los ejercicios del entrenamiento deben incluir estiramiento y calentamiento previos, para después pasar a los ejercicios específicos para desarrollar la musculatura necesaria para el trabajo.

Entrenamiento de la flexibilidad en el esquí

20 de Abril de 2010

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Cuando una articulación se mueve los músculos deben estirarse para permitir dicho movimiento. La capacidad de estirarse de dichos músculos es la flexibilidad.

El movimiento articular puede verse afectado por distintos factores como la alteración de los músculos de la zona o de los tejidos que forman parte de la articulación.

En el esquí es de suma importancia la flexibilidad, porque se requiere el trabajo intenso de todas las articulaciones (muñecas, rodillas, hombros, etc.), además contribuye a evitar lesiones.

Cada articulación posee una flexibilidad específica que varía de persona a persona. Un buen entrenamiento permite mejorar dicha flexibilidad.

La flexibilidad del cuerpo:

La flexibilidad tiene cuatro componentes:
- Movilidad: la capacidad de las articulaciones de realizar ciertos movimientos.
- Elasticidad: capacidad de los músculos de estirarse y retornar a su posición inicial al cesar la acción.
- Plasticidad: propiedad de los músculos y articulaciones que pueden tomar formas distintas de las originales al ser sometidas a fuerzas externas, y de permanecer así luego de que cesan las fuerzas.
- Maleabilidad: cualidad de la piel para ser plegada repetidamente y con facilidad, retomando su apariencia anterior.

La carencia de flexibilidad puede llevar a realizar movimientos llenos de errores, que luego se hacen costumbre. Los ejercicios de estiramiento articular funcionan como entrenamiento y permiten el relajamiento de los principales grupos musculares para que luego puedan estirarse al máximo. Se recomienda realizar este ejercicio dos o tres veces por semana.

Ejercicios de flexibilidad:

Los ejercicios de flexibilidad se conocen como stretching y pueden incorporarse a las fases de calentamiento o a las de enfriamiento de las sesiones de entrenamiento, también pueden hacerse de forma independiente.

Estos ejercicios deben hacerse de manera lenta y suave para evitar calambres o tirones. Se requiere un relajamiento previo y total concentración en los movimientos que se realizan. Es conveniente mantener cada posición por 20 o 30 segundos.

- Muslos y caderas: parado en un solo pie, levantar y flexionar la otra pierna sujetando el pie por detrás de la rodilla y tirando con la mano. Hacer lo mismo con la otra pierna.

- Cabeza y cuello: mover lentamente la cabeza a los lados y luego de atrás hacia delante.

- Hombros, parte superior de la espalda y pecho: levantar los brazos al cielo mantenerlos y hacer pequeños círculos desde los hombros.

- Gemelos y tobillos: de pie frente a una pared, con un pie delante del otro y las manos apoyadas en la pared, dejar el peso sobre las manos hasta notar tensión en la parte trasera de la pierna. Repetir con la otra pierna.

- Lumbares: acostado con las piernas estiradas, levantar una pierna con la rodilla flexionada y llevarla al pecho. Repetir con la otra pierna.

- Sentado en el suelo con una rodilla flexionada hacia fuera, doblar el tronco suavemente hacia delante. Repetir con la otra pierna flexionada.

Estos ejercicios son fundamentales para la recuperación luego del esfuerzo físico.